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Preocupaciones crecientes entre ecologistas por una fábrica de emulsiones en El Campillo que podría eclipsar el desastre de Aznalcóllar

Orica Explosivos Industriales, empresa dedicada a la fabricación, almacenaje y comercialización de explosivos civiles y accesorios para voladuras, ha presentado al Ayuntamiento de El Campillo, municipio de la Cuenca Minera de Riotinto (Huelva), un proyecto para la construcción de una fábrica móvil de emulsiones explosivas a granel y su correspondiente almacén de materias primas, destinada a dar servicio a las explotaciones mineras próximas. El proyecto, en fase de calificación medioambiental, contaría con unas instalaciones que ocuparían una superficie total de 767.171 m2 y estaría ubicado en una zona muy próxima a los muros de contención de la balsa de lodos de Atalaya Mining en Riotinto.

Según diferentes científicos y asociaciones ecologistas consultadas, se trata de una zona crítica ya que el riesgo de falla de las presas de relaves aguas arriba en la mina Riotinto es alto debido a la licuación, que dispara la presión hacia los muros y podría reventar las estructuras de las balsas. Un riesgo que en caso de accidente podría generar un desastre ecológico y humano, con un impacto de vertido de lodos tóxicos que estiman 30 veces mayor que el ocurrido en Aznalcóllar en 1998.

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Un potencial accidente que, en caso de producirse, dejaría en una situación muy delicada a las autoridades competentes encargadas de la aprobación de las diferentes licencias administrativas tanto de la Junta de Andalucía como del Ayuntamiento de El Campillo, regido por el socialista Juan Carlos Jiménez, dado que existen informes previos que alertan de los riesgos del emplazamiento.

Juan Carlos Jiménez

Juan Carlos Jiménez | Foto del Ayuntamiento de El Campillo

En este sentido, la Junta de Andalucía tendría en su posesión un informe de 2019 elaborado por Steven H. Emerman, Malach Consulting que alerta sobre el creciente riesgo de colapso de la presa y en el que se detalla que el nivel freático directamente detrás de la presa Aguzadera está a solo 2,9 metros por debajo de la superficie, con una filtración incontrolada que se produce a través del terraplén aguas abajo en la misma elevación, lo que indicaría que tanto la presa como los relaves están prácticamente saturados de agua. Una situación acentuada por la aparición de lodo tanto en la filtración controlada (tubos de drenaje) como en la filtración no controlada sugiere el inicio de la falla de la presa por erosión interna.

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Según diferentes ingenieros consultados, el riesgo de rotura de estas construcciones aumenta con el suceder de los años, los movimientos del terreno y la sucesión de seísmos de escala pequeña o media, que provocan fracturas en la estructura.

El desastre de Aznalcóllar no ha sido un accidente aislado ya que, solo en España, desde 1960 se han roto 17 balsas de residuos mineros con un gran impacto medioambiental, mientras que a nivel mundial en la última década se han producido tragedias como las dos últimas ocurridas en Brasil, en 2015 por la rotura de la presa de Mariana que mató a 19 personas y destruyó la aldea de Bento Rodríguez o la más reciente con el colapso de la presa de Brumadinho, en la que se contabilizaron al menos 270 muertos.


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